1 julio 2024
Solemos pensar que el trabajo es un sacrificio, varias veces he dicho que el trabajo es solo trabajo, pero la verdad es que ocupamos no solo gran parte de nuestra vida en él, sino que empleamos mucha de nuestra energía y nuestro esfuerzo en este tema. Entonces, si es así, no deberíamos verlo solo como un asunto poco interesante que nos “toca hacer”, deberíamos poder disfrutarlo, tendrá siempre su cuota de malestares, propios del oficio, pero en el podríamos encontrar un espacio más para crear y aportar que para sufrir y lamentar.
Es cierto que a muchos no les queda otra opción que tomar la posición vacante que le ofrezca, sin que sea el lugar, el oficio y la recompensa que esperan. También sucede, que llegamos a una posición con altas expectativas y una vez arrancamos nos damos cuenta de que lo que esperábamos no coincide ni por poco con la realidad. ¿A cuántos les ha pasado que se habían imaginado un mundo estructurado y organizado donde sus opiniones serían valoradas y no encuentran más que caos y autoritarismo?. Creo que todos hemos tenido un poco de eso.
El trabajo implica un beneficio directo y tangible: remuneración que nos permite vivir, alimentarnos, pagar nuestras obligaciones y cumplir con nuestras responsabilidades. Cuando las cosas mejoran, entonces además de lo anterior, podemos también darnos gustos, como salir a comer o comprar algo que nos emocione. Si mejoran aún más, planeamos vacaciones, ayudamos a otros y hasta ahorramos. Y todo eso se traduce en bienestar, logro y satisfacción.
Pero esto es puramente material, no tiene nada más y las personas valoramos y necesitamos lo material, sin duda. Pero necesitamos un poco más para que nuestro círculo esté completo: satisfacción personal. Sentirnos útiles, saber que nuestro esfuerzo es valorado, que aprovechamos oportunidades inteligentemente y contribuimos a algo más grande. Parece que es mucho pedir, tener un empleo con buen ambiente, encontrar respeto y valor por nuestros aportes, gozar de una buena remuneración salarial y ¡ah! se me olvidaba, tener un buen jefe…
A veces, también creo que esa lista de deseos perfectos es imposible de obtener, pero eso lo pienso solo por momentos, en realidad todos los días me digo a mi misma que no puedo desmayar en el afán de estar en el lugar que cumpla todas mis expectativas, no solo porque así lo deseo sino porque me comprometo a dar mi máximo para que en una relación laboral todos prosperemos. Eso debería ser suficiente para merecer ese encuentro.
Sí tenemos valor para entregar y nos comprometemos a dar lo mejor de nosotros, estamos en el deber de buscar incansablemente ese espacio en el que podamos disfrutarlo. Somos personas, cambiantes y complejas por lo que esperar que todo sea un cuento de hadas todos los días puede no ser realista, sin embargo, trabajar con buenas personas y buenos profesionales, tiene que ser posible.
Empieza por enumerar qué quieres de tu vida laboral, qué te gustaría, no importa que sean ideas muy abstractas, debes sentir algo especial cuando enumeras lo que quieres, puede que pienses que son imposibles, pero sigue adelante. Elabora también un listado de lo que tú puedes aportar en esa vida laboral ideal, cuál es tu compromiso. Y con ambos listados enfílate a propiciar el cambio que quieres. Pude que sea encontrar un nuevo empleo, cambiar de área en la empresa en la que trabajas, independizarte, hacer crecer tu negocio o cambiar de ramo. Todo es válido.
El momento adecuado para hacerlo es cuando piensas que quieres algo distinto a lo que tienes, o hay fecha ni hora. El momento preciso se anuncia en tus sentimientos, en la inquietud de plantearte nuevas posibilidades. Si se trata de independizarte o hacer un negocio propio, tomate el tiempo necesario, si aún estás empleado, sin abandonar tu empleo, para construir los pilares de lo que quieres hacer. Emprender tiene sus dificultades, y hacerlo sin tener claridad de lo que quieres puede hacerte el camino más duro. Saca tiempo de tus espacios libres para dedicarte a ello y una vez sepas hacía que dirección quieres andar y qué necesitas para hacerlo puedes aventurarte.
Mira lo que tienes como una oportunidad para aprender, para quienes tienen la inquietud de independizarse, estar empleado es como el equivalente a hacer un máster. Asume que el pago que das por hacerlo es el tiempo que pasas en él y no en tu negocio, pero su recompensa en aprendizajes y experiencia puede ser tremendamente grande. Por otro lado, si quieres desarrollar tu profesión en una empresa, pregúntate qué te gusta, qué empresa parece coincidir con tus principios y qué es importante para ti. No es sinónimo de felicidad, éxito o realización alcanzar posiciones altas en un organigrama, tampoco trabajar en una empresa grande, ni lograr reconocimiento público. Todos somos distintos y en tanto la definición de felicidad, éxito y realización es muy diferente para cada quien, y todas esas definiciones están bien y son válidas. Lo importante es que llenen tus expectativas, las de nadie más.
Asume que conseguir una posición o un cambio dentro de una empresa, no es algo que caiga del cielo, debes proponerte a alcanzarlo. Reúne lo mejor de tus habilidades, también enumera tus logros, por pequeños que los creas y sal a buscar ese espacio que te corresponde. Si tienes claridad de tu compromiso y lo que puedes aportar, podrás identificar si tienen para ofrecerte lo que esperas y como en el amor, se dará un perfecto match que te llevará a transitar por el camino que elegiste.
Paciencia, constancia y perseverancia son necesarias para materializar los cambios que queremos en nuestra vida profesional. No olvides que las circunstancias nos pueden llevar a determinados lugares, pero nuestra consciencia es la que nos hace permanecer en ellos o no.
Cambio y evolución
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2022-06-15T12:00:00.000Z
Aquí cinco recomendaciones rápidas para aprender a escuchar y dejar que te escuchen:
Cuando las cosas no vayan bien o detectes roces y desacuerdos en el equipo. Un lugar agradable fuera del escritorio funcionará. No siempre los espacios formales propician confianza y conversaciones abiertas, si quieres estimular las conversaciones profundas, empieza por buscar otros espacios que creen más conexión natural, menos rigidez corporativa. Un escritorio en el que se marca quién es el jefe y quién no, no es el mejor escenario.
No todos tenemos que pensar igual, pero si encuentras el punto de valor en cada argumento distinto, potenciarás fortalezas. Cada opinión cuenta, recuérdalo, y ser el líder no hace que tengas la razón. Abre tu mente a escuchar con atención y leer entre líneas, a veces no sabemos expresar bien nuestras ideas, haz preguntas, indaga y lee el lenguaje corporal, no solo las palabras.
No te anticipes a juzgar y adivinar lo que el otro siente o piensa, espera con paciencia a que te lo comunique y acepta la posibilidad de crear nuevas historias. Hacer borrón y cuenta nueva no es solo necesario sino justo.
Todos nos equivocamos y no son los fallos los que nos definen, es lo que hacemos con cada aprendizaje, lo que somos capaces de crecer y evolucionar, la forma en la que afrontamos la situaciones difíciles, las que nos dan forma y definen. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero juzgar no nos lleva a nada concreto. Que tus opiniones sean basadas en hechos y tu feedback claro y oportuno.
Cuando no hay hechos sino percepciones, hablar de tu opinión al respecto y abrirte a escuchar, es clave. Todos vemos el mundo con un lente distinto y eso no lo hace mejor o peor, son solo perspectivas.
No somos máquinas, ver a los ojos a la otra persona, interesarse genuinamente por lo que pasa en su vida y no solo en el trabajo, te permitirá entenderle y apoyarle mejor. Cuando sabemos quién es, qué siente, en qué cree y qué le preocupa a una persona del equipo, entendemos mejor su mundo y su actuar y potencial en el mundo profesional.
No somos máquinas, en tanto no solo somos los que nos pasa en el trabajo. No te debilita acercarte, ser empático y compasivo. Delimita bien los espacios y las acciones para que cada uno sepa hasta dónde está bien llegar y qué afecta y qué no el juicio profesional, pero siempre ten en cuenta que somos primero personas.
Luego de escuchar con atención siente la libertad de poder expresarte también. Que la sinceridad respetuosa sea una rasgo de tu liderazgo. Mostrar vulnerabilidad no te hace débil, al contrario es un rasgo de coraje y seguridad en ti mismo. Es válido que tengas opiniones, percepciones e ideas y son tan valiosas como las de tu equipo.
Compártelas y si en algún momento no te sientes preparado para hacerlo o se espera de ti un consejo o respuesta que no tienes, también se vale decir que necesitas tiempo para procesar y prepararte ante el tema.
Ese es un compartir también válido. Asegúrate de que la otra persona haya entendido lo que querías expresarle, haz preguntas luego de hablar y podrás avanzar en las relaciones.
2022-05-05T10:00:00.000Z
Para los fans de un artista la experiencia empieza desde el momento en el que se enteran de que tendrá una presentación en vivo. Comprar el ticket, pasar semanas preparándose y escuchando las canciones, repasar canciones antiguas recordando momentos y aprendiéndose las nuevas, haciendo plan de amigos para ir juntos, cuadrando el look con el que irán al concierto, haciendo la fila… Todo eso es parte de su experiencia, ahora bien, no podemos asumir que todas las personas aman a los artistas y que todos los que van a un concierto son fans a morir. Por eso es importante entender la diferencia entre lo que hay que entregar a unos y otros y el significado que tendrá para ellos, porque al final del día los artistas son marcas en permanente construcción.
Una diferencia básica entre un fan y quien no lo es radica en la emoción de la previa al evento en vivo, esta crea un colchón de expectativa sobre el cual podrá rebotar lo que sea que no le salga bien al artista o al organizador del evento, haciendo que todo o casi todo, sea perdonable.
Les doy un ejemplo. Hace unos meses (aún en confinamiento) se anunció un concierto en streaming de Marc Anthony.
No dudé ni un segundo en preparar mi plan para disfrutar en pantalla completa y a volumen grosero del concierto, como si lo estuviese viendo en persona, cara a cara. Quise llevar la experiencia a otro nivel y ordené a domicilio comida de mi restaurante favorito, tenía botella de vino y toda la actitud para un concierto que nunca comenzó. Sí, seguramente estuviste dentro del público frustrado que antes de pensar que Marc no se presentaría se culpó por no saber establecer la conexión, culpamos al servicio de internet y finalmente a la vida, pero un fan de verdad, verdad, ¡nunca culpa a su artista!
Al día siguiente Marc se disculpó públicamente y ofreció el concierto gratis y abierto para todos los que quisieran verlo, fue un error de producción que el colchón emocional de la expectativa de los fans, no nos dejó cobrarle al artista jamás, con plenitud asumimos la culpa en el productor.
Pero, como he dicho antes, no todo el público es fan. Para los que no lo son la experiencia debe ser excepcional porque estos no tienen el colchón para que las experiencias no favorables reboten. Estos no perdonarán errores, por el contrario irán tras ellos para encontrarlos y afianzar que tenían razón en no entregar su amor incondicional al artista. Entonces hay que esforzarse por los que te aman y por los que no, en crear experiencias superiores, en sorprender, enamorar y reconocer el esfuerzo que cada persona hace por estar a tu lado (esto aplica perfectamente a marcas comerciales y personales). Cuando una persona percibe el esfuerzo de una marca por agradarle, se abre a recibirle, considerarle y de ahí al amor, hay un camino más corto comparado con la indiferencia como punto de partida.
Hay que tener presente que:
Ese es el proceso de crear una marca, generar experiencias positivas y memorables que la gente disfrute y recuerde
Hace una semana asistí al concierto de Maluma, toda una experiencia. Supo crear expectativa anunciando múltiples invitados, dos días antes del concierto dejó escapar la noticia de que Madona le acompañaría. La entrada se inició a las 4:00 p-m, cuatro horas antes del inicio del concierto, sin duda una manera de decir que ¡no te lo puedes perder porque habrá muchísima gente!. Una vez entrabas te entregaban una pulsera con la promesa de que encendería sola cuando empezara el concierto.
El recinto era una galería tipo museo donde podías escribir en un mural, tomarte fotos con su imagen de cera, admirar sus trajes y ver sus ferraris…. Luces, fuegos artificiales, un desfile de artistas (incluyendo nuevos talentos que suman a la imagen bondadosa), una declaración de amor como muestra de humanidad y un show largo fue la entrega en recompensa a los no fans que apostaron y la subida al máximo nivel de emocionalidad a los que lo aman con locura.
Me encuentro entre los no fans, por lo que me atrevo a hacer esta descripción sin la subjetividad del corazón, tuve una experiencia y les confieso:
Dos días después del concierto anunció que ayudará a crear acceso a vivienda a personas de su ciudad natal, un gesto adicional para conquistar corazones.
No soy fan aún, pero lo recomiendo. En definitiva, la experiencia lo es todo y no está sujeta a un solo momento. El antes y después es tan importante como el durante…
2022-02-03T12:00:00.000Z
Ser jefe, líder, manda más, cabeza de un negocio, etc… no tiene nada que ver con ser brillante, esplendido y audaz para los negocios. Esos son ingredientes de añadidura. Antes de ser “productivos” somos personas, en tanto ser líder tiene como principal y más importante responsabilidad ser un buen ser humano. Cuando eso sucede, entiendes que tus compromisos van mucho más allá de un contrato, van más allá incluso de una manual de funciones y del tiempo de vigencia que estableces entre ellos. De hecho, y aunque nadie te lo diga, la responsabilidad del liderazgo que asumes por organigrama llega a tus proveedores y socios y a las familias de ellos y las de tus empleados, trasciende en el tiempo y en las geografías y está tan presente y vigente como el mismo momento en el que aceptas un cargo, aunque ya luego no lo ocupes.
Ojalá cada profesional que asume un rol con personas a cargo, sea una o diez mil, entendiera que hace un pacto de empatía y compromiso con cada una de esas almas, para ser su apoyo, acompañarlas y guiarlas, dejarlas aprender y mostrarles de cuánto son capaces. Ojalá esas personas entendieran que cada gesto y palabra que pronuncian todos los días, tiene el potencial de quedarse grabado en la memoria y el corazón de las personas a las que lidera, para bien o para mal.
Ojalá entendieran que serán ejemplo de lo que los demás quieren ser, o de lo que jamás querrán parecer. Ojalá comprendieran que cada decisión o ausencia de ella tiene un impacto en la vida de otras personas.
Ojalá supieran que no importa si eres dueño de una compañía o empleado de un alto nivel directivo, si tienes muchos años de experiencia y un título elegante que te hace llamar la atención, que tu salario te permita comer en restaurantes famosos o viajar por los mejores destinos del mundo, pagar los colegios más renombrados para tus hijos o aparecer en revistas de management. Eres solo un ser humano, como las personas a las que lideras y en algún momento un jefe o un cliente, también pueden despedirte, y con seguridad lo harán.
Ojalá cada persona a la que se le de la inmensa oportunidad de vida de influir en otros sepa que la inteligencia emocional, aunque no es una asignatura de ninguna universidad, (ni de las más prestigiosas) es la competencia más fundamental de un líder. Que las decisiones deben ser objetivas, que cada persona merece el respeto de tener claridad sobre sus condiciones y expectativas, que no somos dueños de la verdad, ni tampoco autores de destino.
No queramos sorprender a otros, porque normalmente las sorpresas en estas relaciones, no son agradables. Seamos justos, sinceros, honestos y eso no implica no tomar decisiones, implica entender todas las consecuencias que conllevan. Que las relaciones humanas siempre tendrán desacuerdos y que la cuota de poder que supone ser jefe no nos pone por encima de nadie, al contrario, nos hace tener a todos por encima de nosotros.
Ojalá alguien me hubiese contado cuando empecé a crecer que iba a crear tantas relaciones valiosas que se convertirían en mis más grandes activos. Que debía comprender que mis problemas no serían técnicos, sino de relaciones personales. Hubiese perdido menos tiempo intentado “hacer” y hubiese invertido más en “ser”.
Para todos los que tienen afán de crecer: Ser grande implica ser de gran corazón. Los cargos son pasajeros, los roles son papeles que nos toca interpretar, el éxito está en cada alegría y cada momento de satisfacción cuando ves a tu equipo crecer. Ser líder es tener a los demás primero y trabajar para ellos.
Piénsalo dos veces antes de querer crecer, porque una vez que lo haces el estiramiento de tus huesos va a doler, la exigencia implícita en tus responsabilidades va a ser inevitable. Prepárate porque no mentiré, es la experiencia más maravillosa y enriquecedora, cuando puedes sentir la paz y el amor que te da agradecer cada persona que se cruza en tu camino.
Ojalá los que hacemos líderes, tengamos la consciencia suficiente de saber quiénes están listos para semejante responsabilidad.
Cuando eres bueno apoyando y desarrollando talento, eres bueno en resultados de negocio. Aquí no aplica “el orden de los factores, no altera el producto”. Formar buenos equipos técnica y personalmente, conlleva a ganar en resultados de negocio.
Ser líder de un Gobierno, de una empresa, de un equipo, es una enorme responsabilidad que debería ser otorgada con los honores que amerita, con la rendición de cuentas que las grandes labores exigen, porque luego de atravesar los más rocosos caminos y al mirar atrás, solo podrás ver el reflejo de lo que hay en el futuro: grandeza y una enorme cadena de crecimiento y desarrollo que generación tras generación, irán formando.
Por eso, aunque en su momento nadie me lo explicó, hoy puedo ver un poco hacía atrás y solo agradecer a los líderes que me han enseñado el camino, que me han hecho crecer, que han estado para mi siempre, a las personas a las que he liderado por permitirme conocer la grandeza personal que hace grandes profesionales. A todos los que han sido mis jefes y hoy cuento como grandes amigos. Lo mismo que me he propuesto hacer siempre para mis equipos.
Creemos líderes, no seguidores. Entendamos que un cargo no nos define, y asumamos con la responsabilidad necesaria el rol de liderar equipos para crear grandes experiencias y excelentes resultados.