4 julio 2024
El poder que tenemos a través de las redes sociales para anular a alguien
Todo tiene su lado positivo y su lado oscuro. Las redes sociales han abierto puertas que nunca nos hubiéramos imaginado para cosas maravillosas y al mismo tiempo han dejado ver la vulnerabilidad que tenemos las personas y dejan expuestas las peores sombras de las personas. Una de las realidades más aterradoras de este comportamiento es la DESTRUCCIÓN de la imagen y reputación, y esto puede deberse a acciones que lo impulsen o a manipulación de la información, mala interpretación o simplemente al juicio predeterminado que hacemos. Lo cierto, es que CANCELAMOS a una persona por sus acciones, pensamientos y hasta omisiones. Si no nos gusta algo o estamos en desacuerdo: CANCELADO Si alguien comete un error: CANCELADO Si se viste mal, se cae, llora en público o se equivoca: CANCELADO La cancelación implica no solo ignorar y dejar de seguir a alguien, ojalá llegara hasta ahí, implica arremeter con toda la ira y 0 compasión en su contra, lanzar criticas destructivas, insultos y hasta acusaciones graves, crear imágenes en burla, todo bajo la excusa que nos da la "libertad de expresión". ¿En qué momento se nos olvida que TODOS somos personas y al vivir cometemos errores y aun sin cometerlos podemos no gustarle a alguien más? ¿Por qué creemos que estamos en el circo romano y disfrutamos al destruir a otros? Que cosa tan aberrante. Todos tenemos nuestras opiniones y eso es legitimo, pero no nos da derecho a CANCELAR a otras personas bajo el manto protector de una pantalla de Facebook. Incentivemos el respeto y la consciencia de que a quienes criticamos sin miramientos son tan humanos como nosotros. Bajémosle al ánimo de ser mercenarios en nuestros comentarios en las redes, por unos jóvenes menos agresivos, por unos niños que merecen un mundo en paz, por que todos podamos tener el mismo nivel de libertad.
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2022-06-15T12:00:00.000Z
Aquí cinco recomendaciones rápidas para aprender a escuchar y dejar que te escuchen:
Cuando las cosas no vayan bien o detectes roces y desacuerdos en el equipo. Un lugar agradable fuera del escritorio funcionará. No siempre los espacios formales propician confianza y conversaciones abiertas, si quieres estimular las conversaciones profundas, empieza por buscar otros espacios que creen más conexión natural, menos rigidez corporativa. Un escritorio en el que se marca quién es el jefe y quién no, no es el mejor escenario.
No todos tenemos que pensar igual, pero si encuentras el punto de valor en cada argumento distinto, potenciarás fortalezas. Cada opinión cuenta, recuérdalo, y ser el líder no hace que tengas la razón. Abre tu mente a escuchar con atención y leer entre líneas, a veces no sabemos expresar bien nuestras ideas, haz preguntas, indaga y lee el lenguaje corporal, no solo las palabras.
No te anticipes a juzgar y adivinar lo que el otro siente o piensa, espera con paciencia a que te lo comunique y acepta la posibilidad de crear nuevas historias. Hacer borrón y cuenta nueva no es solo necesario sino justo.
Todos nos equivocamos y no son los fallos los que nos definen, es lo que hacemos con cada aprendizaje, lo que somos capaces de crecer y evolucionar, la forma en la que afrontamos la situaciones difíciles, las que nos dan forma y definen. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero juzgar no nos lleva a nada concreto. Que tus opiniones sean basadas en hechos y tu feedback claro y oportuno.
Cuando no hay hechos sino percepciones, hablar de tu opinión al respecto y abrirte a escuchar, es clave. Todos vemos el mundo con un lente distinto y eso no lo hace mejor o peor, son solo perspectivas.
No somos máquinas, ver a los ojos a la otra persona, interesarse genuinamente por lo que pasa en su vida y no solo en el trabajo, te permitirá entenderle y apoyarle mejor. Cuando sabemos quién es, qué siente, en qué cree y qué le preocupa a una persona del equipo, entendemos mejor su mundo y su actuar y potencial en el mundo profesional.
No somos máquinas, en tanto no solo somos los que nos pasa en el trabajo. No te debilita acercarte, ser empático y compasivo. Delimita bien los espacios y las acciones para que cada uno sepa hasta dónde está bien llegar y qué afecta y qué no el juicio profesional, pero siempre ten en cuenta que somos primero personas.
Luego de escuchar con atención siente la libertad de poder expresarte también. Que la sinceridad respetuosa sea una rasgo de tu liderazgo. Mostrar vulnerabilidad no te hace débil, al contrario es un rasgo de coraje y seguridad en ti mismo. Es válido que tengas opiniones, percepciones e ideas y son tan valiosas como las de tu equipo.
Compártelas y si en algún momento no te sientes preparado para hacerlo o se espera de ti un consejo o respuesta que no tienes, también se vale decir que necesitas tiempo para procesar y prepararte ante el tema.
Ese es un compartir también válido. Asegúrate de que la otra persona haya entendido lo que querías expresarle, haz preguntas luego de hablar y podrás avanzar en las relaciones.
2022-05-05T10:00:00.000Z
Para los fans de un artista la experiencia empieza desde el momento en el que se enteran de que tendrá una presentación en vivo. Comprar el ticket, pasar semanas preparándose y escuchando las canciones, repasar canciones antiguas recordando momentos y aprendiéndose las nuevas, haciendo plan de amigos para ir juntos, cuadrando el look con el que irán al concierto, haciendo la fila… Todo eso es parte de su experiencia, ahora bien, no podemos asumir que todas las personas aman a los artistas y que todos los que van a un concierto son fans a morir. Por eso es importante entender la diferencia entre lo que hay que entregar a unos y otros y el significado que tendrá para ellos, porque al final del día los artistas son marcas en permanente construcción.
Una diferencia básica entre un fan y quien no lo es radica en la emoción de la previa al evento en vivo, esta crea un colchón de expectativa sobre el cual podrá rebotar lo que sea que no le salga bien al artista o al organizador del evento, haciendo que todo o casi todo, sea perdonable.
Les doy un ejemplo. Hace unos meses (aún en confinamiento) se anunció un concierto en streaming de Marc Anthony.
No dudé ni un segundo en preparar mi plan para disfrutar en pantalla completa y a volumen grosero del concierto, como si lo estuviese viendo en persona, cara a cara. Quise llevar la experiencia a otro nivel y ordené a domicilio comida de mi restaurante favorito, tenía botella de vino y toda la actitud para un concierto que nunca comenzó. Sí, seguramente estuviste dentro del público frustrado que antes de pensar que Marc no se presentaría se culpó por no saber establecer la conexión, culpamos al servicio de internet y finalmente a la vida, pero un fan de verdad, verdad, ¡nunca culpa a su artista!
Al día siguiente Marc se disculpó públicamente y ofreció el concierto gratis y abierto para todos los que quisieran verlo, fue un error de producción que el colchón emocional de la expectativa de los fans, no nos dejó cobrarle al artista jamás, con plenitud asumimos la culpa en el productor.
Pero, como he dicho antes, no todo el público es fan. Para los que no lo son la experiencia debe ser excepcional porque estos no tienen el colchón para que las experiencias no favorables reboten. Estos no perdonarán errores, por el contrario irán tras ellos para encontrarlos y afianzar que tenían razón en no entregar su amor incondicional al artista. Entonces hay que esforzarse por los que te aman y por los que no, en crear experiencias superiores, en sorprender, enamorar y reconocer el esfuerzo que cada persona hace por estar a tu lado (esto aplica perfectamente a marcas comerciales y personales). Cuando una persona percibe el esfuerzo de una marca por agradarle, se abre a recibirle, considerarle y de ahí al amor, hay un camino más corto comparado con la indiferencia como punto de partida.
Hay que tener presente que:
Ese es el proceso de crear una marca, generar experiencias positivas y memorables que la gente disfrute y recuerde
Hace una semana asistí al concierto de Maluma, toda una experiencia. Supo crear expectativa anunciando múltiples invitados, dos días antes del concierto dejó escapar la noticia de que Madona le acompañaría. La entrada se inició a las 4:00 p-m, cuatro horas antes del inicio del concierto, sin duda una manera de decir que ¡no te lo puedes perder porque habrá muchísima gente!. Una vez entrabas te entregaban una pulsera con la promesa de que encendería sola cuando empezara el concierto.
El recinto era una galería tipo museo donde podías escribir en un mural, tomarte fotos con su imagen de cera, admirar sus trajes y ver sus ferraris…. Luces, fuegos artificiales, un desfile de artistas (incluyendo nuevos talentos que suman a la imagen bondadosa), una declaración de amor como muestra de humanidad y un show largo fue la entrega en recompensa a los no fans que apostaron y la subida al máximo nivel de emocionalidad a los que lo aman con locura.
Me encuentro entre los no fans, por lo que me atrevo a hacer esta descripción sin la subjetividad del corazón, tuve una experiencia y les confieso:
Dos días después del concierto anunció que ayudará a crear acceso a vivienda a personas de su ciudad natal, un gesto adicional para conquistar corazones.
No soy fan aún, pero lo recomiendo. En definitiva, la experiencia lo es todo y no está sujeta a un solo momento. El antes y después es tan importante como el durante…
2022-02-03T12:00:00.000Z
Ser jefe, líder, manda más, cabeza de un negocio, etc… no tiene nada que ver con ser brillante, esplendido y audaz para los negocios. Esos son ingredientes de añadidura. Antes de ser “productivos” somos personas, en tanto ser líder tiene como principal y más importante responsabilidad ser un buen ser humano. Cuando eso sucede, entiendes que tus compromisos van mucho más allá de un contrato, van más allá incluso de una manual de funciones y del tiempo de vigencia que estableces entre ellos. De hecho, y aunque nadie te lo diga, la responsabilidad del liderazgo que asumes por organigrama llega a tus proveedores y socios y a las familias de ellos y las de tus empleados, trasciende en el tiempo y en las geografías y está tan presente y vigente como el mismo momento en el que aceptas un cargo, aunque ya luego no lo ocupes.
Ojalá cada profesional que asume un rol con personas a cargo, sea una o diez mil, entendiera que hace un pacto de empatía y compromiso con cada una de esas almas, para ser su apoyo, acompañarlas y guiarlas, dejarlas aprender y mostrarles de cuánto son capaces. Ojalá esas personas entendieran que cada gesto y palabra que pronuncian todos los días, tiene el potencial de quedarse grabado en la memoria y el corazón de las personas a las que lidera, para bien o para mal.
Ojalá entendieran que serán ejemplo de lo que los demás quieren ser, o de lo que jamás querrán parecer. Ojalá comprendieran que cada decisión o ausencia de ella tiene un impacto en la vida de otras personas.
Ojalá supieran que no importa si eres dueño de una compañía o empleado de un alto nivel directivo, si tienes muchos años de experiencia y un título elegante que te hace llamar la atención, que tu salario te permita comer en restaurantes famosos o viajar por los mejores destinos del mundo, pagar los colegios más renombrados para tus hijos o aparecer en revistas de management. Eres solo un ser humano, como las personas a las que lideras y en algún momento un jefe o un cliente, también pueden despedirte, y con seguridad lo harán.
Ojalá cada persona a la que se le de la inmensa oportunidad de vida de influir en otros sepa que la inteligencia emocional, aunque no es una asignatura de ninguna universidad, (ni de las más prestigiosas) es la competencia más fundamental de un líder. Que las decisiones deben ser objetivas, que cada persona merece el respeto de tener claridad sobre sus condiciones y expectativas, que no somos dueños de la verdad, ni tampoco autores de destino.
No queramos sorprender a otros, porque normalmente las sorpresas en estas relaciones, no son agradables. Seamos justos, sinceros, honestos y eso no implica no tomar decisiones, implica entender todas las consecuencias que conllevan. Que las relaciones humanas siempre tendrán desacuerdos y que la cuota de poder que supone ser jefe no nos pone por encima de nadie, al contrario, nos hace tener a todos por encima de nosotros.
Ojalá alguien me hubiese contado cuando empecé a crecer que iba a crear tantas relaciones valiosas que se convertirían en mis más grandes activos. Que debía comprender que mis problemas no serían técnicos, sino de relaciones personales. Hubiese perdido menos tiempo intentado “hacer” y hubiese invertido más en “ser”.
Para todos los que tienen afán de crecer: Ser grande implica ser de gran corazón. Los cargos son pasajeros, los roles son papeles que nos toca interpretar, el éxito está en cada alegría y cada momento de satisfacción cuando ves a tu equipo crecer. Ser líder es tener a los demás primero y trabajar para ellos.
Piénsalo dos veces antes de querer crecer, porque una vez que lo haces el estiramiento de tus huesos va a doler, la exigencia implícita en tus responsabilidades va a ser inevitable. Prepárate porque no mentiré, es la experiencia más maravillosa y enriquecedora, cuando puedes sentir la paz y el amor que te da agradecer cada persona que se cruza en tu camino.
Ojalá los que hacemos líderes, tengamos la consciencia suficiente de saber quiénes están listos para semejante responsabilidad.
Cuando eres bueno apoyando y desarrollando talento, eres bueno en resultados de negocio. Aquí no aplica “el orden de los factores, no altera el producto”. Formar buenos equipos técnica y personalmente, conlleva a ganar en resultados de negocio.
Ser líder de un Gobierno, de una empresa, de un equipo, es una enorme responsabilidad que debería ser otorgada con los honores que amerita, con la rendición de cuentas que las grandes labores exigen, porque luego de atravesar los más rocosos caminos y al mirar atrás, solo podrás ver el reflejo de lo que hay en el futuro: grandeza y una enorme cadena de crecimiento y desarrollo que generación tras generación, irán formando.
Por eso, aunque en su momento nadie me lo explicó, hoy puedo ver un poco hacía atrás y solo agradecer a los líderes que me han enseñado el camino, que me han hecho crecer, que han estado para mi siempre, a las personas a las que he liderado por permitirme conocer la grandeza personal que hace grandes profesionales. A todos los que han sido mis jefes y hoy cuento como grandes amigos. Lo mismo que me he propuesto hacer siempre para mis equipos.
Creemos líderes, no seguidores. Entendamos que un cargo no nos define, y asumamos con la responsabilidad necesaria el rol de liderar equipos para crear grandes experiencias y excelentes resultados.