1 julio 2024

Un mes más...

Me levanto con angustia pensando, ¿qué fecha es hoy? ¡Por Dios! Ya se está terminando el mes. Otro mes. ¿sabes cuántos planes hice para este año? Cada vez que llega la última semana de diciembre, pienso que se me está dando un cuaderno en blanco. Un lápiz nuevo y toda una gran oportunidad de 365 días a estrenar para corregir lo que he hecho mal y escribir en mi cuaderno todo lo que anhelo en mi vida. Como si alguien con indulgencia se compadeciera y decidiera darme otro chance.

Darme cuenta de que ya estoy cerrando el primer semestre del año me hace sentir como si me hubiese distraído. Como si tuviese que arrancar hojas de ese cuaderno porque ya no las cumplí y no hay tiempo para ello. Me asaltan la duda de saber si habrá otro chance y la tristeza de una vez más no completar lo que planeo.

Y de pronto viene a mi la idea: ¿quién dice que la vida comienza en enero y termina en diciembre? ¿qué solo tengo doce meses seguidos para hacer check a mi listado de tareas? ¿que me he equivocado y he perdido el tiempo? Que horrible sensación esa de sentir que he perdido el tiempo. Que no hay vuelta atrás, no puedo retroceder una semana, un día o la mañana del domingo que no me rindió para todo lo que quería hacer. Que sentimiento de desespero y frustración que me hace perder más tiempo, auto -castigándome. Pensando en cuán fracasada soy.

Cambio pensamiento por reflexión. Quiero cambiar la idea de que controlo todo, por la de me hago cargo y hay cosas que pasarán sin mi consentimiento. Si dejo de pensar, dejo de castigarme, de culparme y sentirme del tamaño de una hormiga, como si esa reprimenda equilibrara el tiempo que dejé pasar, lo que no hice y me había prometido. Como si se tratara de que un sentimiento de pesar pudiera cerrar brechas. Si reflexiono me pregunto a mi misma ¿por qué siento que pasó el tiempo sin que hiciera lo que me propuse? Así encuentro muchas respuestas: Me he concentrado en otras cosas que han copado mi atención. Realmente, no me gusta el plan que hice, no me siento convencida de ello. Me dejo distraer con facilidad y postergo todo para el día siguiente. Surgieron nuevos planes, cosas que me entusiasman también Sigo viva y mientras sea así puedo cumplir mis planes sin importar el mes y año La edad es solo un dato. No define mis oportunidades ni la capacidad que tengo, ni lo que se supone debo hacer en cada momento. No tengo que ser igual a otros. Yo soy capaz de reescribir mis reglas. Escribiré otro plan, a mitad de año. Con una perspectiva distinta, con mayor certeza de lo que estoy viviendo y quiero en este momento.

Encuentro que reflexionar es más fructífero, mucho más saludable que pensar. Hay días duros, claro que si. Estar encerrados, escuchar las perspectivas económicas desalentadoras. Oír a los cantantes dando serenatas en la calle para que los vecinos les den dinero desde sus ventanas. Escuchar a la gente pidiendo o vendiendo cualquier cosa. Las dinámicas han cambiado. Si salimos no hay intercambio de sonrisas, no hay abrazos, ni reuniones. Trabajamos mucho más, nos movemos mucho menos. Si alguien espera que este cóctel de pesimismo y tristeza no afecte el estado de ánimo, debe creer que somos de Marte.

Pero, si una vez más reflexiono. Acepto los días pesados y nuevamente caigo en cuenta de que el tiempo no empieza y se acaba en un momento particular y de que mi realidad, se parece, pero no es la misma que la de mi vecino. Entonces vuelvo a tomar mi cuaderno y mi lápiz, hago un doblez en la última hoja escrita y empiezo de nuevo con mi plan.

Tengo esta vez más oportunidades de cumplirlo. Porque tengo aprendizaje. Sé qué me distrae. Porque sé qué estoy viviendo y aunque no tengo certeza de lo que vendrá en los siguientes meses, es más fácil proyectarlo con el hoy. Porque sé que en los días duros puedo estar viendo todo más gris de lo que puede ser. Porque descubro que el lápiz no se gasta y tengo aún muchas hojas para escribir. Y finalmente porque hago este plan desde mi convencimiento, no desde la “magia del año nuevo”, lo llevaré a cabo porque es lo que quiero y yo decido cuándo y cómo.

Que sea una excusa perfecta iniciar un nuevo mes. Si eres de los que te gusta presionarte con el tiempo. Aprovecha que te quedan treinta días para que se cumpla el primer semestre y date prisa haciendo algo de tu plan del año. Ve pensando qué cambiarías de lo que habías escrito, qué necesitas ahora. Qué harías diferente y no dejes de intentar cambiar lo que te molesta. Vibrar todos los días y dejar de sentir pesar cada lunes.

Sé una persona de lunes y de miércoles. Disfruta el domingo, sin pensar que al día siguiente se acaba la diversión. Haz cada día divertido y cada mes una oportunidad para hacer crecer tu carrera. Para iniciar tu emprendimiento, para meterle ganas al negocio que empezaste.

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2022-06-15T12:00:00.000Z

Escuchar y ser escuchado: Los 5 pasos para ser un líder empático

Aquí cinco recomendaciones rápidas para aprender a escuchar y dejar que te escuchen:

1. Crea el espacio para conversar y hazlo con prioridad.

Cuando las cosas no vayan bien o detectes roces y desacuerdos en el equipo. Un lugar agradable fuera del escritorio funcionará. No siempre los espacios formales propician confianza y conversaciones abiertas, si quieres estimular las conversaciones profundas, empieza por buscar otros espacios que creen más conexión natural, menos rigidez corporativa. Un escritorio en el que se marca quién es el jefe y quién no, no es el mejor escenario.

2. Convierte las diferencias en fortalezas.

No todos tenemos que pensar igual, pero si encuentras el punto de valor en cada argumento distinto, potenciarás fortalezas. Cada opinión cuenta, recuérdalo, y ser el líder no hace que tengas la razón. Abre tu mente a escuchar con atención y leer entre líneas, a veces no sabemos expresar bien nuestras ideas, haz preguntas, indaga y lee el lenguaje corporal, no solo las palabras.

3. Vence los prejuicios.

No te anticipes a juzgar y adivinar lo que el otro siente o piensa, espera con paciencia a que te lo comunique y acepta la posibilidad de crear nuevas historias. Hacer borrón y cuenta nueva no es solo necesario sino justo.

Todos nos equivocamos y no son los fallos los que nos definen, es lo que hacemos con cada aprendizaje, lo que somos capaces de crecer y evolucionar, la forma en la que afrontamos la situaciones difíciles, las que nos dan forma y definen. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero juzgar no nos lleva a nada concreto. Que tus opiniones sean basadas en hechos y tu feedback claro y oportuno.

Cuando no hay hechos sino percepciones, hablar de tu opinión al respecto y abrirte a escuchar, es clave. Todos vemos el mundo con un lente distinto y eso no lo hace mejor o peor, son solo perspectivas.

4. Conecta de manera personal.

No somos máquinas, ver a los ojos a la otra persona, interesarse genuinamente por lo que pasa en su vida y no solo en el trabajo, te permitirá entenderle y apoyarle mejor. Cuando sabemos quién es, qué siente, en qué cree y qué le preocupa a una persona del equipo, entendemos mejor su mundo y su actuar y potencial en el mundo profesional.

No somos máquinas, en tanto no solo somos los que nos pasa en el trabajo. No te debilita acercarte, ser empático y compasivo. Delimita bien los espacios y las acciones para que cada uno sepa hasta dónde está bien llegar y qué afecta y qué no el juicio profesional, pero siempre ten en cuenta que somos primero personas.

5. Ábrete a compartir lo que piensas y sientes.

Luego de escuchar con atención siente la libertad de poder expresarte también. Que la sinceridad respetuosa sea una rasgo de tu liderazgo. Mostrar vulnerabilidad no te hace débil, al contrario es un rasgo de coraje y seguridad en ti mismo. Es válido que tengas opiniones, percepciones e ideas y son tan valiosas como las de tu equipo.
Compártelas y si en algún momento no te sientes preparado para hacerlo o se espera de ti un consejo o respuesta que no tienes, también se vale decir que necesitas tiempo para procesar y prepararte ante el tema.
Ese es un compartir también válido. Asegúrate de que la otra persona haya entendido lo que querías expresarle, haz preguntas luego de hablar y podrás avanzar en las relaciones.

2022-05-05T10:00:00.000Z

¡La experiencia lo es todo!

No se trata de cuánto te gusta algo sino de lo que eres capaz de sentir o hacer sentir cuando lo vives.

Para los fans de un artista la experiencia empieza desde el momento en el que se enteran de que tendrá una presentación en vivo. Comprar el ticket, pasar semanas preparándose y escuchando las canciones, repasar canciones antiguas recordando momentos y aprendiéndose las nuevas, haciendo plan de amigos para ir juntos, cuadrando el look con el que irán al concierto, haciendo la fila… Todo eso es parte de su experiencia, ahora bien, no podemos asumir que todas las personas aman a los artistas y que todos los que van a un concierto son fans a morir. Por eso es importante entender la diferencia entre lo que hay que entregar a unos y otros y el significado que tendrá para ellos, porque al final del día los artistas son marcas en permanente construcción.
Una diferencia básica entre un fan y quien no lo es radica en la emoción de la previa al evento en vivo, esta crea un colchón de expectativa sobre el cual podrá rebotar lo que sea que no le salga bien al artista o al organizador del evento, haciendo que todo o casi todo, sea perdonable. Les doy un ejemplo. Hace unos meses (aún en confinamiento) se anunció un concierto en streaming de Marc Anthony.
No dudé ni un segundo en preparar mi plan para disfrutar en pantalla completa y a volumen grosero del concierto, como si lo estuviese viendo en persona, cara a cara. Quise llevar la experiencia a otro nivel y ordené a domicilio comida de mi restaurante favorito, tenía botella de vino y toda la actitud para un concierto que nunca comenzó. Sí, seguramente estuviste dentro del público frustrado que antes de pensar que Marc no se presentaría se culpó por no saber establecer la conexión, culpamos al servicio de internet y finalmente a la vida, pero un fan de verdad, verdad, ¡nunca culpa a su artista!
Al día siguiente Marc se disculpó públicamente y ofreció el concierto gratis y abierto para todos los que quisieran verlo, fue un error de producción que el colchón emocional de la expectativa de los fans, no nos dejó cobrarle al artista jamás, con plenitud asumimos la culpa en el productor.
Pero, como he dicho antes, no todo el público es fan. Para los que no lo son la experiencia debe ser excepcional porque estos no tienen el colchón para que las experiencias no favorables reboten. Estos no perdonarán errores, por el contrario irán tras ellos para encontrarlos y afianzar que tenían razón en no entregar su amor incondicional al artista. Entonces hay que esforzarse por los que te aman y por los que no, en crear experiencias superiores, en sorprender, enamorar y reconocer el esfuerzo que cada persona hace por estar a tu lado (esto aplica perfectamente a marcas comerciales y personales). Cuando una persona percibe el esfuerzo de una marca por agradarle, se abre a recibirle, considerarle y de ahí al amor, hay un camino más corto comparado con la indiferencia como punto de partida.

Hay que tener presente que:

  • Cada momento que se vive crea una marca
  • Cada marca fideliza
  • Cada persona fidelizada, recomienda
  • Cada recomendado se suma a una comunidad
  • Cada comunidad que crece robustece los negocios, los blinda.


Ese es el proceso de crear una marca, generar experiencias positivas y memorables que la gente disfrute y recuerde
Hace una semana asistí al concierto de Maluma, toda una experiencia. Supo crear expectativa anunciando múltiples invitados, dos días antes del concierto dejó escapar la noticia de que Madona le acompañaría. La entrada se inició a las 4:00 p-m, cuatro horas antes del inicio del concierto, sin duda una manera de decir que ¡no te lo puedes perder porque habrá muchísima gente!. Una vez entrabas te entregaban una pulsera con la promesa de que encendería sola cuando empezara el concierto.
El recinto era una galería tipo museo donde podías escribir en un mural, tomarte fotos con su imagen de cera, admirar sus trajes y ver sus ferraris…. Luces, fuegos artificiales, un desfile de artistas (incluyendo nuevos talentos que suman a la imagen bondadosa), una declaración de amor como muestra de humanidad y un show largo fue la entrega en recompensa a los no fans que apostaron y la subida al máximo nivel de emocionalidad a los que lo aman con locura.


Me encuentro entre los no fans, por lo que me atrevo a hacer esta descripción sin la subjetividad del corazón, tuve una experiencia y les confieso:

  • No me gusta el reguetón a menos que esté en una fiesta o tal vez haciendo ejercicios, pero aprecié todos los esfuerzos.
  • No sabía quién era Maluma y lo confundía con otros, pero me entusiasmó que trajera a Madona
  • No soy fan y disfruté la experiencia de una pulsera que cambiaba de color de acuerdo a la canción.
  • No soy feliz de hacer filas y esperar horas, pero la buena música de la previa me dio energía.
  • No me gustan Grupo firme, pero me gustó el show completo.
  • Me gusta dormir temprano, pero fue un gran espectáculo que me mantuvo despierta.


Dos días después del concierto anunció que ayudará a crear acceso a vivienda a personas de su ciudad natal, un gesto adicional para conquistar corazones.
No soy fan aún, pero lo recomiendo. En definitiva, la experiencia lo es todo y no está sujeta a un solo momento. El antes y después es tan importante como el durante…

2022-02-03T12:00:00.000Z

Lo que nadie nos contó. Lo que significa ser líder.

Ser jefe, líder, manda más, cabeza de un negocio, etc… no tiene nada que ver con ser brillante, esplendido y audaz para los negocios. Esos son ingredientes de añadidura. Antes de ser “productivos” somos personas, en tanto ser líder tiene como principal y más importante responsabilidad ser un buen ser humano. Cuando eso sucede, entiendes que tus compromisos van mucho más allá de un contrato, van más allá incluso de una manual de funciones y del tiempo de vigencia que estableces entre ellos. De hecho, y aunque nadie te lo diga, la responsabilidad del liderazgo que asumes por organigrama llega a tus proveedores y socios y a las familias de ellos y las de tus empleados, trasciende en el tiempo y en las geografías y está tan presente y vigente como el mismo momento en el que aceptas un cargo, aunque ya luego no lo ocupes.


Ojalá cada profesional que asume un rol con personas a cargo, sea una o diez mil, entendiera que hace un pacto de empatía y compromiso con cada una de esas almas, para ser su apoyo, acompañarlas y guiarlas, dejarlas aprender y mostrarles de cuánto son capaces. Ojalá esas personas entendieran que cada gesto y palabra que pronuncian todos los días, tiene el potencial de quedarse grabado en la memoria y el corazón de las personas a las que lidera, para bien o para mal.
Ojalá entendieran que serán ejemplo de lo que los demás quieren ser, o de lo que jamás querrán parecer. Ojalá comprendieran que cada decisión o ausencia de ella tiene un impacto en la vida de otras personas.
Ojalá supieran que no importa si eres dueño de una compañía o empleado de un alto nivel directivo, si tienes muchos años de experiencia y un título elegante que te hace llamar la atención, que tu salario te permita comer en restaurantes famosos o viajar por los mejores destinos del mundo, pagar los colegios más renombrados para tus hijos o aparecer en revistas de management. Eres solo un ser humano, como las personas a las que lideras y en algún momento un jefe o un cliente, también pueden despedirte, y con seguridad lo harán.
Ojalá cada persona a la que se le de la inmensa oportunidad de vida de influir en otros sepa que la inteligencia emocional, aunque no es una asignatura de ninguna universidad, (ni de las más prestigiosas) es la competencia más fundamental de un líder. Que las decisiones deben ser objetivas, que cada persona merece el respeto de tener claridad sobre sus condiciones y expectativas, que no somos dueños de la verdad, ni tampoco autores de destino.
No queramos sorprender a otros, porque normalmente las sorpresas en estas relaciones, no son agradables. Seamos justos, sinceros, honestos y eso no implica no tomar decisiones, implica entender todas las consecuencias que conllevan. Que las relaciones humanas siempre tendrán desacuerdos y que la cuota de poder que supone ser jefe no nos pone por encima de nadie, al contrario, nos hace tener a todos por encima de nosotros.
Ojalá alguien me hubiese contado cuando empecé a crecer que iba a crear tantas relaciones valiosas que se convertirían en mis más grandes activos. Que debía comprender que mis problemas no serían técnicos, sino de relaciones personales. Hubiese perdido menos tiempo intentado “hacer” y hubiese invertido más en “ser”.
Para todos los que tienen afán de crecer: Ser grande implica ser de gran corazón. Los cargos son pasajeros, los roles son papeles que nos toca interpretar, el éxito está en cada alegría y cada momento de satisfacción cuando ves a tu equipo crecer. Ser líder es tener a los demás primero y trabajar para ellos.
Piénsalo dos veces antes de querer crecer, porque una vez que lo haces el estiramiento de tus huesos va a doler, la exigencia implícita en tus responsabilidades va a ser inevitable. Prepárate porque no mentiré, es la experiencia más maravillosa y enriquecedora, cuando puedes sentir la paz y el amor que te da agradecer cada persona que se cruza en tu camino.
Ojalá los que hacemos líderes, tengamos la consciencia suficiente de saber quiénes están listos para semejante responsabilidad.

Cuando eres bueno apoyando y desarrollando talento, eres bueno en resultados de negocio. Aquí no aplica “el orden de los factores, no altera el producto”. Formar buenos equipos técnica y personalmente, conlleva a ganar en resultados de negocio.
Ser líder de un Gobierno, de una empresa, de un equipo, es una enorme responsabilidad que debería ser otorgada con los honores que amerita, con la rendición de cuentas que las grandes labores exigen, porque luego de atravesar los más rocosos caminos y al mirar atrás, solo podrás ver el reflejo de lo que hay en el futuro: grandeza y una enorme cadena de crecimiento y desarrollo que generación tras generación, irán formando.
Por eso, aunque en su momento nadie me lo explicó, hoy puedo ver un poco hacía atrás y solo agradecer a los líderes que me han enseñado el camino, que me han hecho crecer, que han estado para mi siempre, a las personas a las que he liderado por permitirme conocer la grandeza personal que hace grandes profesionales. A todos los que han sido mis jefes y hoy cuento como grandes amigos. Lo mismo que me he propuesto hacer siempre para mis equipos.
Creemos líderes, no seguidores. Entendamos que un cargo no nos define, y asumamos con la responsabilidad necesaria el rol de liderar equipos para crear grandes experiencias y excelentes resultados.